Muchas veces, ensayas
un discurso, ante ti mismo es muy sencillo, pero cara a cara la cosa se complica. Las
palabras
Se esfuman, los nervios hacen su
aparición, la mente se esfuerza por recordar, en vano todo queda olvidado.
La mente, borra lo
anterior, para hacer hueco a las palabras que estás oyendo. Aún peor no te esperas esas palabras, callas
y te marchas.
Para qué elevar la voz,
para qué esforzarse si te están diciendo que todo acabó.
En solitario, vuelves a
pensar y dices, ¿cómo
no exprese lo que flotaba en mi mente? Y la mente te contesta: no es que no
seas capaz, ni que te falte valor; simplemente te liaste .almacenaste en mí,
demasiados sentimientos mezclados, no sabías cómo actuar, pues era tu primera
vez.
La próxima, no habrá
tiempo para paralizarse, pues las consecuencias ya las sabemos.
La vida es un reflejo
de nosotros mismos.
Pues nosotros la damos
forma y la cambiamos a nuestro antojo.
Qué decir de las palabras… nos servimos
de ellas, nos ayudan a expresarnos, pero también nos complican la vida. Puesto
que no existen palabras para explicarlo todo.
Ante algunas situaciones, las palabras
no valen nada.
Tampoco debes fiarte de las palabras que
escuches, sino de los actos que los acompañen, pues ellos son las muestras de
que se cumplen.
Pueden estar llenas de significado o
vacías, da igual el medio por el que se transmitan.
Qué decir de las palabras… nos servimos
de ellas, nos ayudan a expresarnos, pero también nos complican la vida. Puesto
que no existen palabras para explicarlo todo.
Ante algunas situaciones, las palabras
no valen nada.
Tampoco debes fiarte de las palabras que
escuches, sino de los actos que los acompañen, pues ellos son las muestras de
que se cumplen.
Pueden estar llenas de significado o
vacías, da igual el medio por el que se transmitan.
Conclusión:
“NO DEJES QUE
TÚ MENTE TE DOMINE, TOMA LAS RIENDAS”
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